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International Association of Parliamentarians for Peace

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A. Aleman: Asamblea mundial 2013

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PhotoLa paz mundial está en peligro. Dictadores y déspotas, en todos los continentes, agitan arsenales nucleares, armas de destrucción masiva y sistemas cibernéticos para crear zozobra, miedo sustituyendo a las democracias con regímenes que secuestran a sus pueblos, les cercenan sus libertades individuales y aniquilan a la empresa privada, recurriendo a la represión, la fuerza y el terror.

Desde las pruebas nucleares de Corea del Norte, la violencia en Oriente Medio, la expansión del terrorismo a África, Asia y hasta América latina en donde regímenes antidemocráticos como Irán han encontrado aliados políticos y refugio seguro, la humanidad enfrenta grandes riesgos.

El radicalismo fundamentalista, oculto en las sombras, está minando todos los días a la paz mundial mientras las sociedades democráticas son estremecidas por una crisis económica que mina los esfuerzos para avanzar con paso firme en el nuevo siglo.

La falta de diálogo y acuerdo entre las naciones siguen fortaleciendo la carrera armamentista que ahora dispone de medios de última generación, de bajo costo, como los drones, usados para asesinar a inocentes con tan sólo un click de la computadora.

La reaparición del dictador latinoamericano también amenaza con expandirse al resto del subcontinente, como ya lo ha hecho desde Venezuela a Bolivia y Nicaragua. Los nuevos proyectos mesiánicos han renacido montados sobre el petróleo venezolano y considerables flujos de dinero que han servido para corromper la moral y solidez de pueblos jóvenes que apenas daban sus primeros pasos en el mundo de la democracia.

América enfrenta además de las amenazas a la estabilidad democrática el asedio de los carteles internacionales de la droga que descomponen a nuestras sociedades, especialmente a los jóvenes, a los que vuelven adictos o miembros de su infernal cadena de distribución. La droga también ha penetrado a los estados y volviendo a naciones amigas en estados fallidos.

Aunque América latina, en particular, ha logrado enfrentar con cierto éxito la crisis económica mundial aún es frágil en muchos aspectos y necesita ser dotada de mejores capacidades para librarse de este desafío y poder insertarse en el mundo global con incidencia y fortaleza: Mejorar la competitividad de nuestras empresas, superar la producción agrícola de primer nivel (exportador de materias primas), igualdad de condiciones para competir en los mercados internacionales, calificar mejor a la mano de obra y profesional, superar la brecha de las desigualdades son algunas tareas pendientes.

Debemos crear más empleos, sostenibles y en número adecuado, para frenar la migración de millones de latinoamericanos que dejan sus hogares en busca de un empleo y un futuro mejor. Fortalecer el papel de la empresa privada dándole el liderazgo que requiere para ser el motor de las economías debe ser acompañado por reformas a los estados que los vuelvan prácticos, tecnificados y de alta calidad de servicio.

La paz no sólo es perturbada por la guerra o dictadores implacables sedientos de poder sino por la miseria, la injusticia y la ausencia de condiciones básicas para vivir con dignidad.

Los líderes mundiales deben redoblar esfuerzos para enfrentar estos desafíos. Las naciones debes enfrentar con energía amenazas como el terrorismo, los carteles de la droga, el radicalismo fundamentalista, para refundar a un mundo regido por la democracia, la justicia social, el desarrollo humano sostenible, el cuido del medioambiente y el retorno a los principios fundacionales de la modernidad.

Después de dos guerras civiles que costaron a Nicaragua más de 50,000 muertos, cienes de miles de heridos y la destrucción de la infraestructura y economía de la nación, dimos un paso importante en 1990 cuando en una histórica elección, la democracia derrotó a la dictadura sandinista con votos e inició un proceso de paz de 16 años y reconstrucción desde las ruinas.

Como alcalde de Managua de 1990 a 1996, transformamos la capital Managua, convirtiéndola en una de las ciudades más hermosas de América Central. Como presidente de Nicaragua de 1997 a 2002 combatimos contra la extrema pobreza, superamos los indicadores sociales, educativos y educativos del país. La economía logró una sólida estabilidad, la inversión extranjera regresó y el empleo creció como nunca antes.

Mientras trabajábamos para sacar a Nicaragua de entre las naciones más pobres del continente, construimos un sistema electoral que permitió la alternabilidad en el poder y el respeto a la voluntad popular. La nación comenzó a vivir bajo el imperio de la Constitución y las leyes dando la seguridad jurídica que demandaba la sociedad.

Nuestro aporte a la paz, la seguridad y el desarrollo humano del pueblo de Nicaragua fue poner un punto final a la vía armada para acceder al poder, volvernos una nación de leyes y respeto a los demás y mejorar los niveles de vida del pueblo.

Pero, éste esfuerzo ahora está en peligro. La reaparición del dictador latinoamericano amenaza con expandirse al resto del subcontinente, como ya lo ha hecho desde Venezuela a Bolivia y Nicaragua. Esos nuevos proyectos mesiánicos han renacido gracias al masivo financiamiento del gobierno venezolano que aporta considerables flujos de dinero para corromper la moral y solidez de pueblos jóvenes que apenas daban sus primeros pasos en el mundo de la democracia.

Durante un largo período los nicaragüenses construimos las bases para enfrentar los desafíos globales y actualmente somos el país más seguro de Centroamérica con los niveles más bajos de criminalidad.

Las fuerzas de seguridad han construido una coraza contras el azote de las pandillas, las maras, y los carteles de la droga contra quienes hemos logrado importantes victorias.

Sin embargo, para no perder la frágil paz lograda en 1990, para continuar haciendo efectiva la lucha contra la pobreza, debemos recuperar la democracia y avanzar a pasos agigantados en desarrollo humano con equidad.

Durante mi gobierno solía decir que “sólo la educación podrá superar la brecha odiosa entre ricos y pobres”. La educación es la llave para que los jóvenes abran el futuro desde ahora mismo. La creación de empleos frenará la migración hacia el norte y el desarrollo humano con equidad dará mejores oportunidades a todos.

Se encuentran informes sobre la Asamblea mundial aquí.