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International Association of Parliamentarians for Peace

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Cabalgata en el Chaco estimula una nueva visión

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“Ustedes están locos.” Esta no era exactamente la bendición que buscábamos, pero parecía como si ésas eran siempre las primeras palabras que recibíamos mientras que organizamos nuestra Cabalgata por la Paz y la Unidad a través del interior escabroso de Paraguay.

Proponíamos conducir 150 reses de ganado, todas embarazadas, a una distancia de 170 kilómetros (106 millas) a través de un bosque espinoso y caminos dudosos. En Paraguay es invierno en el mes de junio, algo que es realmente bueno. El verano sería diez veces peor. Los boyeros incluían a personas de Paraguay, Uruguay, Chile, Perú, Corea, Japón, y Estados Unidos.

Trabajar juntos para mover el ganado era una experiencia de aprendizaje en común. Proporcionaba una oportunidad para la gente de la ciudad de tener un encuentro directo con la gente de campo, que tiene muy poco en cuanto a cosas materiales.

Quisimos ayudar a las personas a tener una experiencia íntima con una parte de su país que nunca habían tenido tiempo de apreciar porque está tan lejos de la capital, y es tan difícil de llegar adentro y salir fuera de ella. Y finalmente, la experiencia sirvió como una educación de liderazgo andando a caballo. Nuestro texto fue la hermosa naturaleza misma.

Comenzamos en Fuerte Olimpo en el río Paraguay, a un par de horas al norte de Asunción en un avión pequeño. La cabalgata del primer día fue la más agotadora porque todos nos estábamos acostumbrando a estar encima de un caballo todo el día, así como aprendiendo a conocer la personalidad individual de cada caballo.

El sol, brutalmente caliente, nos ayudó a poner correctamente nuestras prioridades: agua, protección solar, más agua. Nos ayudamos mutuamente a medida que cabalgábamos - compartiendo agua, consejos sobre caballos, y algo de información sobre nosotros mismos. Pero al sentarnos debajo del cielo cubierto de estrellas, las personas decían las cosas que estaban realmente en sus mentes, y nos familiarizamos en un nivel más íntimo.

Ariel, cuya familia posee un molino importante de caña de azúcar en Paraguay, le preguntó a Hyun Jin Moon, “Estamos inspirados acerca de Paraguay porque somos paraguayos. Pero queremos saber qué cosa le inspira a usted acerca de Paraguay.”

Él habló sobre sus años jóvenes en la Corea de posguerra. “Este es un país joven. Y aunque no es rico, aquí hay idealismo y un sentido de familia. Espero que ustedes puedan mantener su visión.” La gente le responde bien a él porque él realmente ama al país y los hace sentirse orgullosos de ser paraguayos. Él reconoce el potencial que hay y les dice que crean en sí mismos.

Éramos responsables en común del bienestar mutuo y de todo ese ganado, y así, fuimos desafiados a transferir esta actitud de sentirnos responsables por nuestras naciones.

Uno de nuestros jinetes más experimentado tenía su silla de cincha montada mientras que galopaba. La silla de montar rodó al suelo con él, y se golpeó contra el camino de gravilla dura, andando rápidamente mientras que el caballo le pasó por encima. Él tuvo una conmoción cerebral, seis costillas fracturadas, un hombro fracturado y un pulmón pinchado. Se hizo un procedimiento de evacuación médica para tal ocasión. Lo llevamos a una pista de aterrizaje cercana, y fue llevado a un hospital en Asunción en una avioneta. Ahora está en casa recuperándose bien.

El segundo día estábamos todos aprendiendo a conocer a nuestros caballos. Uno se conecta rápidamente con alguien que está dispuesto a cargarte todo el día encima de su lomo, bajo un sol abrasador. Calculamos originalmente unos 20 kilómetros por día, pero las temperaturas más frescas y los caballos fuertes nos permitieron hacer de 35 a 40 kilómetros. Las partes traseras y los muslos internos estaban desacostumbrados a las sillas de montar, lo que hizo a todos sentirse incómodos; pero para el tercer día, cuando cabalgamos durante 40 kilómetros completos, en todos nosotros se sentía un orgullo de realización.

Cada atardecer después de atender a nuestros caballos, el impulso de acostarse a dormir, era muy fuerte. Son estos pequeños momentos que determinan si vives para otros o si piensas principalmente en tus propias necesidades. Alrededor de la fogata, había conversaciones profundas sobre caballos, el amor por la naturaleza, y el amor por su país.

Una noche, el Padre Maldonado sacó su guitarra y nos dio una serenata con un repertorio de canciones de amor hechas con tanta ternura que los hizo nostálgicos aún a los que no entienden español.

Un día el desayuno era maní y maíz molido flotando en leche azucarada caliente. Otra mañana hubo pedazos pequeños de cerdo con “coquito,” un palo de pan seco, con col y café.

Un tema de comida causó un incidente conmovedor en la pequeña aldea de María Auxiliadora (María la ayudante). Junto al camino, habían varias madres y niños con una carta que pedían nuestra ayuda para la mejora de su escuela, la cual tenía un solo salón.

Hyun Jin Moon, con su sensibilidad de padre de muchos hijos, comenzó a buscar en su bolso de almuerzo para darles algo a los chicos. Entonces impulsivamente le dio el almuerzo entero a una de las madres. El resto de nosotros hicimos lo mismo. Sin esperar nada en absoluto, y en parte en broma, preguntamos, “Como les dimos nuestros almuerzos, ¿nos podrían hacer un verdadero almuerzo paraguayo?”

Sus casas eran refugios abiertos. Tenían un puñado de pollos y patos en el jardín y media docena de cerdos atrás de él. Mataron cuatro pollos y un pato para nuestro almuerzo. Pusieron una mesa y sillas y cocinaron boribori (sopa de pollo), pan de mandioca, y empanadas de pato.

Sabíamos que nos habían alimentado con el valor de varios días de comida para ellos. Estas mujeres ejemplificaron la cultura tradicional en la cual la comida puede ser escasa, pero la hospitalidad y la comunidad son siempre abundantes. Antes de irnos, les dimos una contribución. Pero tuvimos que ofrecerlo; no pidieron nada.

Afuera, en la zona virgen del Chaco, entre gente que no tiene nada, encontramos el verdadero corazón de Paraguay.